3.3 Nietzsche y el nihilismo

Contenido

Parte del curso de Filosofía de la religión.

1. Introducción

Friedrich Nietzsche (1844-1900) fue un filósofo alemán perteneciente a la corriente de la filosofía de la vida (Kierkegaard, Bergson, Ortega y Gasset, Dilthey). Aunque no estimaba esta filosofía, le debe mucho por sus maestros (Schopenhauer y Wagner).

Nietzsche, siguiendo a Schopenhauer en la voluntad de vivir, hace de la elevación de la vida el valor definitivo y supremo; y pide la eternidad del placer, alcanzable por el eterno retorno. Niega la metafísica, la fe y la inmortalidad del alma.

Además, afirma que el hombre puede ir transformando el mundo y a sí mismo, encaminándose al superhombre («individualidad poderosa con gran voluntad de poder, que se supera a sí mismo»), invirtiendo los valores morales tradicionales (de la moral de los esclavos a la de los señores). Se opone así a la ética kantiana, la utilitaria y a la moral cristiana.

Para Nietzsche, la religión es un desdoblamiento psicológico donde el hombre proyecta en Dios sus propios estados excepcionales de poder y amor, que no se atreve a atribuirse a sí mismo. Esto lleva a un envilecimiento del hombre, especialmente en el cristianismo, que deja en el hombre lo piadoso y débil y en Dios lo fuerte y sorprendente. La tarea humana consiste en recuperar esos estados altos atribuidos a Dios.

Nietzsche intenta una «refutación histórica» definitiva de la idea de Dios, mostrando cómo se formó en la conciencia humana (maestro de la sospecha). Esta refutación será la «única definitiva»; pues, aunque toda contraprueba se haga inútil, también quedará siempre un atisbo de duda, por si se encontrase una contraprueba mejor. Nietzsche proclama «la muerte de Dios» como necesaria para liberar y educar al hombre, sometido por la fe cristiana, para que él se eduque.

Obras principales: El origen de la tragedia (1872), Consideraciones intempestivas (1873-1876), Humano, demasiado humano (1878), Aurora (1881), La gaya ciencia (1882), Así habló Zaratustra (1885), Más allá del bien y del mal (1886), La Genealogía de la moral (1887), El caso Wagner, El Anticristo (1888), La voluntad de poder (1889).

2. La tradición occidental

Buscamos ahora las causas de ese «desdoblamiento psicológico». Lo dionisiaco, lo apolíneo y el problema de Sócrates: Para Nietzsche, solo el arte puede hacer que el hombre tenga la fuerza y capacidad necesarias para afrontar el dolor de la vida (sigue a Schopenhauer).

En su obra «El origen de la tragedia» (1872), Friedrich Nietzsche explora la civilización griega presocrática y su sentido trágico de la vida. Según Nietzsche, el arte trágico griego representa una valiente afirmación de la vida a pesar del sufrimiento, encarnada en el contraste entre los espíritus de Dionisos (instinto, pasión, naturaleza) y Apolo (idealismo, moderación, arte figurativo). La tragedia ática nace de la unión de estos dos impulsos opuestos.

Sin embargo, Nietzsche considera que con la llegada de Sócrates comienza la decadencia de la cultura griega. El uso de la razón para entender y dominar la vida, ejemplificado por Sócrates y Platón, marca el inicio del imperio de la teoría y la especulación racional, reduciendo al ser humano a una sola dimensión. Nietzsche ve esto como un error y una enfermedad que se extiende hasta la moral cristiana del perfeccionamiento.

3. El cristianismo: platonismo para el pueblo

Según Nietzsche, la decadencia de la cultura occidental comenzó con la filosofía de Platón y el cristianismo. Platón instauró el error dogmático de dividir la realidad en dos mundos, el sensible y el inteligible, oponiéndose a los valores instintivos del hombre. El cristianismo, junto con su moral, pervirtió aún más la cultura occidental.

Nietzsche anuncia la «muerte de Dios» en nombre del instinto dionisíaco, atacando al cristianismo por envenenar a la humanidad y vencer al mundo antiguo. Argumenta que la moral tradicional es la moral de los esclavos, débiles y derrotados, resentidos contra lo noble, hermoso y aristocrático. La civilización occidental se ha ido apartando de Dios, matándolo metafóricamente. Esto elimina los valores que fundamentan la vida, perdiendo todo punto de referencia. Ha desaparecido el hombre viejo, pero no ha aparecido el nuevo. Es un acontecimiento que divide la historia de la humanidad. Sobre las cenizas de Dios, Nietzsche propone la noción del superhombre, dominado por el ideal dionisíaco que ama la vida terrenal. Aquellos que predican mundos sobrenaturales son «predicadores de la muerte». Nietzsche anuncia el fin de una forma de entender la realidad centrada en Dios y el comienzo de una nueva perspectiva centrada en la Vida.

El cristianismo como vicio: En «el Anticristo», Nietzsche quiere redimir al hombre de las cadenas de los falsos valores cristianos. Considera que el cristianismo defiende valores nocivos para el hombre, tratando como pecado los placeres terrenales y debilitando a las naturalezas fuertes. Ve la compasión cristiana como algo malsano. Sin embargo, Nietzsche admira la figura de Jesús, viéndolo como noble y un «espíritu libre». Cree que el cristianismo se desvió de las enseñanzas originales de Cristo, transformándose en una religión de odio y resentimiento contra lo aristocrático.

«La genealogía de la moral»: En ella Nietzsche estudia los mecanismos psicológicos que iluminan el origen de los valores, para poner en duda su carácter absoluto. Cuestiona la moral en general, dudando que lo «bueno» sea realmente superior a lo «malo». Distingue entre la moral aristocrática de los fuertes, basada en la autoafirmación, y la moral de los esclavos, fundada en el resentimiento y la negación de lo diferente. Considera que esta moral de esclavos, al prohibir los instintos sanos y naturales del hombre, lo ha hecho volverse contra sí mismo, desarrollando un alma enferma en lugar de expandirse creativamente hacia el exterior. Nietzsche aboga por una transmutación de todos estos valores.

Nihilismo, eterno retorno y «amor fati»: Nietzsche considera el nihilismo como la consecuencia inevitable del cristianismo, la moral y el concepto filosófico de verdad. Cuando caen las ilusiones, nos enfrentamos al abismo de la nada. El nihilismo surge cuando se busca un sentido inexistente en todo lo que acontece, y se comprende que no se puede interpretar la existencia en términos de un fin, una unidad o una verdad. No hay valores absolutos ni una estructura racional universal; el hombre se queda solo. El mundo carece de sentido, no hay providencia, es caos. Sin embargo, el mundo está dominado por la voluntad de aceptarse y repetirse eternamente. Esta es la doctrina del eterno retorno (=doctrina moral; un sí a la vida): no hay línea recta con un fin (cristianismo), ni progreso (historicismo y post-hegel), sino que todas las cosas, incluyendo nosotros mismos, retornan eternamente. Vinculada a esta idea está la del «amor fati»: amar lo necesario, aceptar y amar este mundo tal como es. El hombre descubre que la esencia del mundo es voluntad y se reconcilia con él, siguiendo voluntariamente el camino que otros recorren ciegamente. El eterno retorno invita a vivir plenamente cada instante, como si se repitiese eternamente.

Nietzsche propone al superhombre como el sentido de la vida («Zaratustra») y la salida para el ser humano. El superhombre es aquel que crea un nuevo sentido de la tierra, abandonando las viejas cadenas y rompiendo los antiguos cepos. Sus valores son la salud, la voluntad fuerte, el amor, la ebriedad dionisíaca y un nuevo orgullo. El superhombre sustituye los viejos deberes por su propia voluntad, piensa y decide por sí mismo. Es la medida de todas las cosas, crea nuevos valores y los pone en práctica. Ama la vida, crea el sentido de la tierra y permanece fiel a esto, en lo que consiste su voluntad de poder. Con la muerte de Dios, el hombre superior se convierte en amo y es el momento para que viva el superhombre.